Las células natural killer uterinas

Las células natural killer uterinas son linfocitos que presentan un citoplasma granular y que comparten varias características con las células natural killer que se encuentran en el resto del organismo. Como todas las células natural killer, presentan el antígeno CD56, pero a diferencia de éstas, carecen de antígenos CD16 y CD3.

Las células natural killer forman parte esencial de lo que se conoce como la respuesta innata del sistema inmune. Se trata de una respuesta contra elementos externos que actúa en paralelo a los linfocitos T y B, que actúan mediante reconocimiento especifico antígeno-anticuerpo.

La población de células natural killer uterinas es máxima a partir de la mitad de la frase latea y durante el embarazo en el caso de que se produzca. Se cree que su número se reduce a partir del segundo trimestre.

Como el resto de células NK, tienen su origen en la médula ósea, por lo que existe cierta controversia sobre el mecanismo mediante le cual llegan al útero. Es posible que la línea de células NK que se encuentran allí se auto-perpetúen, puesto que se ha demostrado que son capaces de dividirse. También podrían llegar al útero mediante la circulación periférica.

Se cree que su actividad está regulada hormonalmente, posiblemente mediante la secreción de progesterona, aunque no se han podido encontrar receptores de esta hormona en su membrana. Otros estudios afirman que serían controladas mediante estrógenos.

¿Para qué sirven las células uNK?

Este tipo de células es imprescindible para que se produzca el embarazo. El trofoblasto del embrión debe invadir el endometrio (decidua) y llegar a las arterias espirales de la mujer gestante. De este modo se asegura el flujo de sangre al feto en desarrollo. Si este proceso no se lleva a cabo correctamente, el embarazo terminaría en un aborto inicial, pero si la invasión llega demasiado lejos la gestación tampoco puede proseguir.

Se cree que las células uNK son fundamentales en la regulación de este proceso. Las evidencias demuestran que existe una concentración muy alta de estas células en la zona en la que se produce la implantación. Además, en su superficie se han identificado receptores específicos para reconocer las células del trofoblasto embrionario.

Fuente:
www.lainformacion.com