Estrés e infertilidad

Todos estamos rodeados de factores que potencialmente pueden resultarnos estresantes: cambios en nuestro entorno o estado de salud, soledad u otras cargas emocionales o familiares y asuntos relacionados con nuestro trabajo pueden afectarnos severamente. Algunos de estos factores pueden aparecer y desaparecer, cambiar en el tiempo o bien permanecer crónicos.

Ante estos efectos, nuestro cuerpo reacciona con cambios fisiológicos que tienen como finalidad adaptarse al nuevo entorno. En términos generales, se produce una sobreactivación del eje hipotálamo-hipófisis-glándulas adrenales y el sistema nervioso simpático. Como resultado, se secretan glucocorticoides y catecolaminas, se acelera el ritmo cardíaco y la respiración y en general el cuerpo se prepara para una amenaza externa.

El abanico de respuestas fisiológicas al estrés es enorme e incluye todo el organismo. Sin embargo, existe una gran variabilidad entre individuos, en función de rasgos de su personalidad y factores psicosociales.

A grandes rasgos, el estrés se asocia con una supresión de la citotoxicidad de las células NK o Natural Killer, la proliferación de linfocitos y la producción de factores como IL-2 o IFN-g, comprometiéndose la respuesta inmunológica y produciéndose un cierto estado de inmunosupresión.

Un ejemplo de estos efectos es la reactivación del herpes virus latente, que se produce tanto en animales como en humanos. Otro ejemplo es la respuesta diferencial a la administración de vacunas en función del estrés del paciente. Se ha demostrado una menor seroconversión a la vacuna de la hepatitis B en pacientes con mayores niveles de estrés o con un menor apoyo social y familiar.

Actualmente se están llevando a cabo estudios in vitro para conocer mejor los mecanismos que vinculan un mayor estrés con una menor respuesta inmunológica. Además, este desequilibrio en el sistema inmunológico puede afectar especialmente a pacientes alérgicos o asmáticos. Recientes estudios han identificado una citoquina que podría empeorar el manejo del asma, aunque es necesario conocer mejor estos mecanismos.

Como hemos explicado en posts anteriores, el papel del sistema inmunológico en la fertilidad y concretamente en el proceso de implantación del embrión es de una importancia cabal. Niveles importantes de estrés en la mujer pueden afectar a su sistema endocrinológico y por lo tanto a su capacidad de ovular correctamente, del mismo modo que puede afectar a la calidad seminal en el varón. Además, en el caso de que se logre crear un embrión sano, su implantación en el útero materno podría verse dificultada por esta situación de estrés.

Por estos motivos es necesario tener muy en cuenta los factores emocionales en las personas que experimenten dificultades en el momento de la concepción. Técnicas de fertilidad natural como la acupuntura pueden mejorar el bienestar del paciente y su predisposición para lograr el embarazo, ya sea de forma natural o mediante tratamientos de fertilidad.